Qué hacer para evitar la responsabilidad por obras en nuestra vivienda, local de negocio o edificio.
Cuando realizamos obras en nuestra casa, nuestro local, nuestro edificio, a menudo no nos paramos a pensar en las consecuencias de las mismas, ni a cuánto nos exponemos por nuestra responsabilidad en posibles daños y perjuicios causados a terceros por estos trabajos. En el siguiente artículo pretendemos dar unas ligeras nociones de qué hacer para evitar, en la medida de lo posible, que nos salpiquen las posibles negligencias de algunos profesionales que intervienen en la construcción.
Un simple cambio de ventanas, la colocación de un aire acondicionado, la pintada de fachadas o el saneamiento de nuestra cocina, entre otros trabajos, son actuaciones cotidianas que pueden tener una gran repercusión y causarnos más de un quebradero de cabeza. La caída de materiales de construcción, un incendio, una fuga de gas, dejar materiales en la vía pública, pueden provocar daños a propiedades ajenas y lesiones o, incluso, la muerte a otras personas, terceros, que nada tienen que ver con nosotros, con nuestra actividad, ni con aquéllos a quienes hayamos contratado.
Desgraciadamente, también es muy habitual que estas obras se encarguen a personas sin la debida cualificación y, sobre todo, sin la debida acreditación. Son muchos los manitas dispuestos a colocar ventanales, hacer instalaciones de agua, gas o electricidad sin estar debidamente autorizados para ello. Ello no tendría la menor importancia, salvo por la competencia desleal que hacen a los verdaderos profesionales, siempre que no ocurra ningún hecho causante de daños materiales o lesiones a terceras personas.
El Código Civil dice que el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado. Son innumerables las demandas en las que alguien ajeno a las obras, un viandante, por ejemplo, reclama del propietario, del contratista y del arquitecto técnico los daños y perjuicios sufridos. Los jueces deben analizar, caso por caso, quien fue el causante del riesgo y, por tanto, a quién le compete la obligación de indemnizar al perjudicado.
La situación se puede evitar en lo posible si para la realización de los trabajos hemos tenido la precaución de buscar un contratista legalmente establecido, que nos haya pasado un presupuesto en donde conste con exactitud en que va a consistir la obra y cómo se va a hacer. No está de más firmar un contrato donde conste que se acepta el presupuesto y que toda la realización de los trabajos, la dirección de la obra, la contratación del personal o empresas que los lleven materialmente a cabo y la adopción de cuantas medidas de seguridad sean necesarias serán por cuenta del contratista. Al menos, así debería aparecer en el propio presupuesto.
Según los casos y las obras habrá que contar con un arquitecto técnico, que las dirija y vele, precisamente, por el cumplimiento de las medidas de seguridad y que los trabajos se llevan a cabo conforme a lo contratado y con la calidad acordada. El nombre de este profesional debe figurar en dicho contrato. La redacción de las cláusulas del mismo no es cuestión menor, ya que las mismas pueden tener múltiples interpretaciones. Por ello, siempre es recomendable el asesoramiento de su abogado y no fiarnos de las cláusulas que puedan venir en un contrato modelo. En estos casos, quedará por escrito el grado de participación de cada uno y el propietario podrá quedar exento de responsabilidad. No olvidemos que dicha responsabilidad puede ser civil, por simples daños, o incluso derivar a la vía penal, por delito de lesiones, por imprudencia profesional o, incluso, contra la seguridad de los trabajadores.
Tal sería el caso de los empresarios, cuya situación podría ser aún más grave porque la simple presencia en su local de trabajadores a quienes se haya contratado para realizar unas obras, sin que estos dependan de otra empresa (contratista), o bien sean autónomos o profesionales libres, puede llevar a considerarlos que trabajan por cuenta del propietario, quien no les habría dado de alta en Seguridad Social y, además, al estar obligados a cumplir la ley de Prevención de Riesgos Laborales, de ocurrir algún accidente entraríamos de lleno en un supuesto de delito contra la seguridad de los trabajadores, aparte de la responsabilidad administrativa por infracción de normas de Seguridad Social.
Quien causa un daño debe repararlo y, como tiene declarado el Tribunal Supremo, quien crea un riesgo debe responder por él o demostrar que adoptó toda la diligencia debida para evitar el daño. Cuando contamos con un contratista habilitado y un arquitecto técnico, realizando y dirigiendo las obras, respectivamente, existe alguien responsable de las mismas, profesionales a los que se les presume la debida formación para ello. Ni siquiera se nos podrá achacar la culpa por haberle elegido o no vigilar suficientemente su trabajo.
Es fundamental exigir la factura detallada, que es el comprobante cierto y verdadero que identifica a la partes, el trabajo realizado, su coste y fecha de realización. Es una prueba fiel de hasta donde se asume la responsabilidad por un trabajo.
En resumen, una obra se puede convertir en un verdadero problema que puede dar con nuestros huesos en la cárcel y, como poco, puede costarnos una fortuna indemnizar la reparación de los daños y perjuicios causados. No contratar a profesionales legalmente habilitados hace al propietario responsable de la obra y de los actos de aquellos por quien se valió para llevarla a cabo, aquí si, porque no eligió a quien debía y no vigiló cómo lo hacían. Como dice la tradición, lo barato puede resultar muy caro a veces.
Encargar obras a quien no está legalmente habilitado puede hacer responsable de los daños o lesiones a quien las contrata - El que causa daño a otro por culpa o negligencia está obligado a reparar el daño causado - Cuando contamos con profesionales, son estos los que deben adoptar la diligencia debida para evitar daños a terceros - El presupuesto aceptado, un contrato firmado y la factura por los trabajos son esenciales para demostrar la falta de responsabilidad del propietario.
lunes, 17 de marzo de 2008
lunes, 25 de febrero de 2008
Con la venia y con el debido respeto
Con la venia. Así comienza todo abogado sus intervenciones en juicio. Es una expresión de respeto al Juez y a todos los presentes en la sala de vistas. En las vistas judiciales son muy contados los casos en los que las partes no guardan la debida compostura, el reconocimiento al contrario, a los testigos, a los peritos... Un respeto que hoy día, creo que todos los ciudadanos echamos mucho el falta entre los políticos.
Allá por el año 1990 comencé mi exploración en el mundo periodísitico de la mano de Pepe Joly Palomino a quien un común amigo nos presentó. El, director, entonces, de Diario de Cádiz quería alguien que le coordinara las información marítima que saliera en ese rotativo a partir del abandono de la edición sábana que hasta entonces se venía publicando.
Desde esa fecha y hasta hace muy poco aprendí a unir palabras y a colocarlas convenienemente en un texto que pudiera ser leído, que pudiera ser aceptado lingüísticamente y que contuviera unas expresiones perfectamente aceptadas.
Mamé de hombres y mujeres que más saben que yo; de algunos que fueron amigos luego como Antonio Rivera, tríste y prontamente fallecido; de plumillas como Jorge Bezares, Juan José Tellez, Pepe Monforte, Carmen Morillo, Emilio López, Montserrat Barreiro, José Antonio Hidalgo, y tantos otros que la lista sería interminable. Una generación de periodistas de tal valía que, estoy convencido, el Diario de Cádiz nunca podrá tener otra mejor.
Aprendí en ese Diario a querer la noticia, a amar la información veraz por encima de todo; aprendí del trato cordial y humano que había con los dueños de la cabecera; de codearme con los políticos, unos de mayor rango que otro; aprendí del poder económico, y del sindical. Aprendí de los hombres y mujeres de la mar, de tanta gente...
De todos ellos saqué y es mi primera regla ante todos los aspectos de la vida que el respeto es una de las cosas más importantes de nuestro actuar. El respeto por el adversario, por el contrario, por quien no guarda las mismas ideas, sean personales, profesionales o políticas y defiende otras distintas, dispares, antagónicas a veces. En suma, de libertad por encima de todo.
De saber escuchar se aprende más que de mucho hablar.
Hecho de menos ese debido respeto: en la prensa todos los días contrincantes políticos se afanan por menospreciar al otro, uno más que otro, a mi modo de ver: ya diré quien. En los juzgados y tribunales, los funcionarios y los jueces pierden los papeles con tal de rebajar a la menor condición posible a abogados, testigos, peritos y no digamos ya a los imputados, a los que parece que, de inicio, ya se les ha condenado.
No sólo en plena campaña electoral, los pólíticos deben dar ejemplo, sino en el día a día, son ellos los que los ciudadanos ven y si un gobernante cualquiera, como el presidente de Francia, se permite el lujo de llamar a uno de sus ciudadanos "pobre imbécil", que no harán los demás al escucharle a él despreciar a uno de los suyos en el Estado de la Igualdad, Libertad y Fraternidad.
Seamos serios, hagan política señores, pero con respeto; respetenme a mi, a todos los ciudadanos porque yo así les respeto. Sirva esta primera entrega, de presentación de este Blog. Ya n os iremos conociendo.
Allá por el año 1990 comencé mi exploración en el mundo periodísitico de la mano de Pepe Joly Palomino a quien un común amigo nos presentó. El, director, entonces, de Diario de Cádiz quería alguien que le coordinara las información marítima que saliera en ese rotativo a partir del abandono de la edición sábana que hasta entonces se venía publicando.
Desde esa fecha y hasta hace muy poco aprendí a unir palabras y a colocarlas convenienemente en un texto que pudiera ser leído, que pudiera ser aceptado lingüísticamente y que contuviera unas expresiones perfectamente aceptadas.
Mamé de hombres y mujeres que más saben que yo; de algunos que fueron amigos luego como Antonio Rivera, tríste y prontamente fallecido; de plumillas como Jorge Bezares, Juan José Tellez, Pepe Monforte, Carmen Morillo, Emilio López, Montserrat Barreiro, José Antonio Hidalgo, y tantos otros que la lista sería interminable. Una generación de periodistas de tal valía que, estoy convencido, el Diario de Cádiz nunca podrá tener otra mejor.
Aprendí en ese Diario a querer la noticia, a amar la información veraz por encima de todo; aprendí del trato cordial y humano que había con los dueños de la cabecera; de codearme con los políticos, unos de mayor rango que otro; aprendí del poder económico, y del sindical. Aprendí de los hombres y mujeres de la mar, de tanta gente...
De todos ellos saqué y es mi primera regla ante todos los aspectos de la vida que el respeto es una de las cosas más importantes de nuestro actuar. El respeto por el adversario, por el contrario, por quien no guarda las mismas ideas, sean personales, profesionales o políticas y defiende otras distintas, dispares, antagónicas a veces. En suma, de libertad por encima de todo.
De saber escuchar se aprende más que de mucho hablar.
Hecho de menos ese debido respeto: en la prensa todos los días contrincantes políticos se afanan por menospreciar al otro, uno más que otro, a mi modo de ver: ya diré quien. En los juzgados y tribunales, los funcionarios y los jueces pierden los papeles con tal de rebajar a la menor condición posible a abogados, testigos, peritos y no digamos ya a los imputados, a los que parece que, de inicio, ya se les ha condenado.
No sólo en plena campaña electoral, los pólíticos deben dar ejemplo, sino en el día a día, son ellos los que los ciudadanos ven y si un gobernante cualquiera, como el presidente de Francia, se permite el lujo de llamar a uno de sus ciudadanos "pobre imbécil", que no harán los demás al escucharle a él despreciar a uno de los suyos en el Estado de la Igualdad, Libertad y Fraternidad.
Seamos serios, hagan política señores, pero con respeto; respetenme a mi, a todos los ciudadanos porque yo así les respeto. Sirva esta primera entrega, de presentación de este Blog. Ya n os iremos conociendo.
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